El nacionalismo catalán y vasco me recuerdan el proceso evolutivo del hombre en su fase vital de la adolescencia. El Otro es siempre la diana perfecta dónde disparar el acero de todas las culpas. Reconocer la más mínima responsabilidad de sus actos, imposible. El mundo es un poderosísimo ejército a batir con una exagerada autoconciencia de virtud y pureza.
Alentar continuamente esa adolescencia mimada de niño rico, acaba por alterar los nervios de una Nación. Hora es de acabar con este absurdo juego de chantaje juvenil. La izquierda, el progresismo, debe ser consciente del abandono de su relevante papel de padre
En el Reino Unido prosiguen las investigaciones sobre la espuria financiación del partido Laborista -como antes el Conservador-. En tiempos más previsibles, los donantes esperaban de su contribución al Poder lo que puede considerarse obvio y hasta comprensible: inmunidad fiscal y contratos del Estado. En estos tiempos de Nada se conforman con un honor: el título de Lord. Son los/as meretrices de la distinción y los proxenetas del Poder jugando, en elegantes salones de castas, al reconocido juego de joder a la Democracia.
No sé el modo, pero sugiero que la abstención electoral tenga representación parlamentaria. Con voz, quizá sin voto, un observatorio de la clase política, la expresión institucional del escepticismo de buena parte de la ciudadanía respecto a su ética y quehacer profesional.
El comisario europeo don Joaquín Almunia vertió al cauce de los medios esta fría reflexión. "Deberán retrasarse las jubilaciones". Buen consejo, pienso, para intelectuales de sofá y conferencia. Malo, pésimo, para el trabajador de manos artríticas y espalda torcida. Valiente señorito de un cortijo dizque socialista.
Se ha firmado un nuevo acuerdo económico entre el gobierno boliviano y las compañías petroleras. Unas arcas vacías por antiguas depredaciones fiscales recibirán, no más allá del 2010, cerca de 4.000 millones de dólares -de los escasos 250 millones anteriores-. La propiedad del gas y el petróleo pasará, además, a manos del Estado. El cinismo de las petroleras acata humildemente y reconoce, el nuevo status jurídico como beneficioso para ambas partes. Y ninguna se mueve, pues de sus matemáticas reflexiones deducen que las cuantiosas inversiones realizadas seguirán rentando pingües beneficios. Sátrapas.
Pero del maná monetario de la Tierra sobre la hacienda boliviana, un peligro: la corrupción, que será rampante, de la nueva casta política y funcionarial. Los antecedentes expropiatorios, sin forma democrática reconocida, vislumbran lo peor. Al tiempo.
La izquierda ha perdido una oportunidad histórica -sin visos de recuperación en el futuro- para la demostración de su valor político-social: el criminalismo etarra y el parafascismo nacionalista.
Demasiado exquisita su delectación crítica en solemnes y elegantes salones de mármol.
En Brasil, el presidente Lula revalida Presidencia, acosado, y a punto de ser destruido por una fosa séptica de corrupción. Una fe popular de origen carismático ha contenido la sinfonía de la libertad moral e intelectual de los brasileños. No es para alegrarse.